QUE - CIR - QUE
para Eduardo Guerrero del Rio
Productor: Ueli Hirzel.
Con Emmanuelle Jaqueline, Hyacinthe Reisch, Jean-Paul Lefeuvre.
Concepción y realización de la carpa: Christoph Gärtner
Es de esos espectáculos que de vez en cuando aparecen por nuestros
escenarios (ahora con mayor frecuencia que en épocas remotas) y
que uno no puede dejar de recomendar, tanto a grandes como a chicos. Así,
merced al auspicio y patrocinio del Instituto Chileno Francés de
Cultura, de la Embajada de Francia y del Ministerio de Asuntos Exteriores
de Francia, más la organización de la Compañía
de Teatro Sombrero Verde, hemos tenido la oportunidad de presenciar con
deleite la performance de este circo francés de carácter
vanguardista, continuación del Cirque O, que con gran éxito
también se presentó en 1993 en Chile.
Lo primero que resalta es el espacio escénico, por la calidez
de la carpa blanca que invita a disfrutar, durante 90 minutos, de una verdadera lección de trabajo corporal, de técnica circense, de dominio
de los instrumentos expresivos, todo dentro de la mayor simplicidad posible,
sin aditamentos innecesarios ni ostentosas parafernalias. Son tres actores,
dos hombres y una mujer, que se entregan con profesionalismo para justamente
provocar en el espectador el asombro nacido de la perfección de
los números que conforman la rutina.
Dentro de conjunto, con acrobacia de por medio, con una plasticidad más
que envidiable, con un pleno dominio de objeto, con la presencia del humor
a lo largo de la representación, sobresalen algunas escenas más
que otras, sobre todo las del cigarro, las de bicicleta, las del poste,
en donde Jean-Paul Lefeuvre - sin duda - resalta por sus sorprendentes
contorsiones y control corporal. A lo anterior se suma la música
de apoyo (banda sonora y arreglos musicales en vivo) y una iluminación
que permite crear la magia necesaria que todo circo, independiente de su
estructura, lleva en sí.
Que - Cir - Que, continuardor de una tradición circense de mucha
data en Francia, es un espectáculo que entretiene de comienzo a
fin y que privilegia el instante, una especie de tiempo detenido en una
carpa blanca en medio del bullicio de la cuidad. En definitiva, apropiándonos
de las palabras del escritor mexicano Octavio Paz, es la "consagración
del instante", un momento único, que nos permite aislarnos
de diario vivir y entrar de lleno en la propuesta de un circo sorprendente.
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